Encuadre propio: Mariel Escobar

Encuadre propio: directoras en primera persona

Mariel Escobar es realizadora audiovisual egresada de la ENERC. Además de sus trabajos en docencia y como técnica en cine, series y publicidad, estrenó en 2024 su primer largometraje de ficción como directora y co-guionista: “Lo que queda”.

En 2023, a través de la selección en el Festival La Mujer y el Cine, “Lo que queda” recibió el Premio de Género DAC a proyectos WIP: una asesoría en distribución y exhibición con Manuel Garcia, de Cinetren, quien sería finalmente el distribuidor de la película. “Incentivos como éste son fundamentales para directoras y productoras nóveles, como voto de confianza y como oportunidad para tejer red con profesionales de amplia trayectoria en la industria, dispuestos a compartir su sensibilidad y experiencia con nuestros proyectos” comenta Mariel.


En el contexto actual, la pregunta por “¿cómo filmar en tiempos de crisis?” pareciera desdibujarse ante una duda aún más cotidiana: ¿cómo sobrevivir a esta crisis?. Sea a causa del pluriempleo o del desempleo -ambos frecuentes entre lxs trabajadorxs del sector audiovisual- antes de pensar en filmar, cuesta encontrar el tiempo para escribir, e incluso para imaginar. Por eso confío que ante un contexto tan arrasador, la única alternativa a la rendición es aferrarse más que nunca a la capacidad inherente del cine para crear nuevos mundos. Creo que el destino más potente de nuestra creatividad hoy en día es la búsqueda colectiva de maneras de transformar el régimen social y económico que intenta descorazonarnos; y a partir de ahí, recuperar el lugar que el cine ha tenido por un siglo para la cultura de nuestro país y el estatus de industria que tanto costó construir.

En la misma línea, me parece que, al menos en Argentina, el “cine independiente” es un término heterogéneo y confuso: ¿independiente de quién? Se lo suele usar para definir a todas las películas hechas con pocos recursos, sin distinguir aquellas que cuentan únicamente con fondos estatales, de aquellas que se hacen exclusivamente con capitales privados. Sin ir en desmedro de ninguno de los dos modelos, me parece importante aclarar que actualmente el segundo tiene mayores chances de existir, cayendo inevitablemente en una cuestión de clase: sólo harán cine quienes cuenten con el dinero para hacerlo. 

En ese sentido, el cine “de autor/x” que apunta a los principales festivales, podrá existir en tanto haya productores con el dinero para financiarlo, o inversiones de capital privado, función que hoy suplen casi exclusivamente las plataformas internacionales. Entonces, podemos tener una película independiente del estado, pero dependiente de los cánones artísticos y las restricciones ideológicas y narrativas de una empresa multinacional.

El lugar del “cine independiente” en un sentido más estricto -un equipo de temerarios con una cámara y un boom, grabando los fines de semana- seguirá siendo el de siempre: la resistencia política y estética a los modelos hegemónicos de producción y exhibición. Y es quizás en él que deposito mi fe para producir obras singulares y necesarias, a las que deberemos estar más atentxs. 

El mayor perjuicio en este contexto, se les presenta a los proyectos de realizadorxs que hasta hace poco podían filmar dentro del modelo industrial, exclusivamente gracias al fomento estatal; produciendo a mediana escala, generando puestos de trabajo en blanco, democratizando el acceso a la producción y diversificando las miradas que representan al país en festivales y pantallas en el mundo entero.

Otro ángulo a tener en cuenta a la hora de pensar el cine que queremos, sigue siendo la representatividad de mujeres y disidencias en roles creativos: directoras, escritoras, productoras y técnicas. Me siguen sorprendiendo las ofertas de cursos de cine (y materias en escuelas y universidades) que presentan una filmografía íntegramente masculina (y muchas veces de habla inglesa). Invisibilizando la rica producción de mujeres en el cine nacional sólo ceñimos la mirada de las nuevxs cineastas, al mismo tiempo que horadamos su confianza al mostrarles que una vez que -después de todas las piedras en el camino- logren hacer una película, ésta no tendrá la misma relevancia que la hecha por un varón. Creo que reforzar el acercamiento de las y los cineastas en formación al cine hecho por mujeres y disidencias, sólo puede ayudar a volver más vitales a las películas por venir.

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