Encuadre propio: Luciana Piantanida
Encuadre propio: directoras en primera persona
Luciana nació en Buenos Aires, es directora, guionista y productora.
Fue productora de “La larga noche de Francisco Sanctis” de Andrea Testa y Francisco Márquez y de “Niña Mamá”, también de Testa. Dirigió y escribió series documentales para televisión. Su primer largometraje de ficción, “Los Ausentes”, se estrenó en 2016. Su segundo largometraje “Todas las fuerzas” ganó el premio al mejor largometraje de la competencia argentina en el BAFICI 26.
Cine independiente en la era de las plataformas.
Hace poco anunciaron sus autoridades que Netflix ya no iba a trabajar con directores que quisieran estrenar sus producciones en salas de cine. Hace un poco más de tiempo, uno de los altos mando de la misma plataforma dijo que no estaba preocupado por la competencia que pudieran presentarle otras plataformas similares a la suya; la única competencia real que los inquieta es la cantidad de horas que todavía intentamos dormir los seres humanos.
Sólo con estas dos declaraciones podemos delinear al espectador ideal de estas corporaciones: aislado en la soledad de su casa y alienado en la vigilia de su maratón audiovisual. Es claro que en este esquema no importan los contenidos. No mueve la aguja la serie con perspectiva de género ni la película con profunda crítica social. Incluyen ambas en su catálogo porque saben que no es eso lo que importa en definitiva.
Pero, como nosotrxs sabemos, los espectadores no nacen espontáneamente. Nos formamos como espectadores en torno a las imágenes que consumimos. No se cansan de instalar la idea de que hay algo que es “lo que el público quiere ver” y que a eso responden las narraciones que construyen. Pero es muy fácil de comprobar en la propia experiencia cómo varían nuestros gustos acorde a cómo establecemos nuestros hábitos. Ese espectador que consume contenido a solas en las horas que le quita a su propio descanso, es el producto que ellos mismos diseñaron. Lo que me parece más grave de esta situación es hasta dónde hemos naturalizado este estado de las cosas. Hasta dónde hemos entregado nuestra atención a corporaciones que no tienen pruritos en gritar a viva voz sus oscuras intenciones, entregando nuestra soberanía cultural estamos entregando también nuestra propia soberanía cognitiva.
El único antídoto que encuentro a todo esto es el cine independiente: el que nos reúne en las salas a debatir entre muchos el sentido de la obra, el que se hace con las ganas y la convicción de unos cuantos que creen en las imágenes aún más que en el dinero, el que arriesga, incomoda. El que no coloniza la atención con trucos remanidos, sino que invita al espectador a compartir la experiencia. El que no performa un ritmo que le es ajeno para retener al espectador, el que no teme incluso a no ser claro del todo.
El cine independiente requiere convicción, sí. Pero también necesita dinero, recursos y el tiempo de muchas personas. Y, también, necesita ser difundido, acompañado y apoyado en las salas y en los espacios donde se proyecta. Aún con todo el cansancio y las pocas fuerzas que nos deja la crisis económica, cultural y social que estamos atravesando, pienso que tenemos una misión: ojalá encontremos la manera de defender el espacio del cine independiente, ojalá recuperemos la posibilidad de vivir haciendo las películas que queremos hacer y ojalá encontremos el modo de expresar con total claridad y a todo el mundo los peligros que corremos todos cuando dejamos únicamente en manos de las grandes corporaciones la construcción de nuestra identidad cultural.